Preguntas y respuestas sobre el Hipermundo
Para vislumbrar el futuro, es necesario cambiar de enfoque; es decir, dirigir la mirada no hacia los caprichos actuales de los actores geopolíticos soberanos, sino hacia la eternidad. Cada ser humano que haya nacido jamás recibirá prácticamente todo lo que desee, en cualquier cantidad y por el tiempo que quiera. Es más, cada uno obtendrá incluso mucho más de lo que es capaz de imaginar y desear hoy en día.
Sobre la sobrepoblación: problemas reales y vías de solución
A lo largo de la historia de la humanidad, aproximadamente cien mil millones de personas han vivido en nuestro planeta. Esta cifra ayuda a comprender la escala: los pueblos, tribus y ciudades del pasado eran muy poco poblados en comparación con la actualidad. Y sin embargo, incluso hoy, con una población de ocho mil millones de habitantes, la Tierra está lejos de estar físicamente saturada.
El problema de la sobrepoblación, al contrario de la creencia popular, no se debe a la falta de territorio libre. Existen enormes extensiones de tierra poco pobladas y costas con un clima mucho más adecuado para vivir que, por ejemplo, los Emiratos Árabes Unidos, un país que prospera con éxito en el desierto. En China, la cantidad de personas por unidad de superficie es dos veces y media menor que en Inglaterra.
Abundancia y hambre
Según algunos cálculos, la agricultura mundial, incluso con el nivel actual de desarrollo tecnológico, es potencialmente capaz de proporcionar una alimentación adecuada a hasta cuarenta mil millones de personas. Al mismo tiempo, según estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas y de la Organización Mundial de la Salud, hoy en día mueren en la Tierra a causa del hambre y enfermedades relacionadas, lejos del ruido de los propagandistas, entre doce y veinte mil personas cada día, de las cuales cerca de la mitad son niños menores de cinco años. La profundidad de la plataforma es significativamente mayor de lo que les parece a quienes habitan en los niveles superiores.
En un mundo donde se gasta mucho más dinero en comida para mascotas que en salvar a quienes mueren de hambre, sus valores y prioridades actuales son evidentes. La mayoría de los niños que no protegemos no mueren a causa de acciones militares, sino por la propia lógica del sistema capitalista mundial, que se deshace del excedente de población no demandado por la economía, lejos de las cámaras de televisión. Hoy es su turno de ser devorados; más tarde, esa misma lógica inhumana alcanzará a todos los demás.
La verdadera naturaleza del problema
Muchos problemas contemporáneos no son de carácter tecnológico, sino de gestión. Son realmente complejos: no basta con enviar un centenar de aviones Boeing o barcos cargados de cebada a África para que la gente deje de morir de hambre. El problema es mucho más profundo y sistémico.
Los países desarrollados, como antes, saquean a la periferia, mientras que el más desarrollado de todos se dedica, no sin éxito, al intercambio desigual con los propios países desarrollados. Todo esto sigue siendo la base, el principio fundamental del orden mundial contemporáneo, y también tiene relación con los problemas actuales de la sobrepoblación.
Impacto multifactorial en el medio ambiente
La contaminación, el agotamiento de los recursos naturales, la crisis energética, el hacinamiento y la pobreza: a esto es precisamente a lo que se refiere cuando se habla de los problemas de la sobrepoblación, y no a la falta de espacio físico en sí.
Capacidad tecnológica del planeta
El número de personas que el planeta Tierra puede albergar con un nivel de vida adecuado, sin causar un daño crítico al medio ambiente, depende directamente del nivel de desarrollo tecnológico de la civilización.
La historia muestra esta dependencia con claridad. Las nuevas tecnologías, desde simples mejoras en el riego y la agronomía hasta los éxitos actuales en la modificación genética, siguen aumentando la producción de alimentos. Cada salto tecnológico amplía la "capacidad de carga" del planeta.
Los problemas ambientales que observamos hoy son, en gran medida, consecuencia del uso de tecnologías intermedias e imperfectas. La industria obsoleta del pasado contaminaba el medio ambiente a una escala infinitamente mayor que las empresas modernas de ciclo cerrado.
La revolución nanotecnológica
Cuando la humanidad domine la nanotecnología molecular en su forma madura, se producirá un salto cualitativo en la resolución de todos los problemas de recursos. Esta tecnología permitirá:
Producir prácticamente cualquier bien de manera absolutamente limpia, eficiente y con un costo de producción mínimo, casi nulo;
Revertir el daño ambiental acumulado por los métodos de producción primitivos de épocas anteriores;
Procesar los residuos a nivel atómico, transformándolos en recursos útiles;
Crear ciclos de producción cerrados donde el concepto mismo de «residuo» desaparezca por completo.
Es precisamente en esta dirección donde la humanidad debería concentrar sus principales esfuerzos científicos. Este es uno de los avances tecnológicos más prometedores y, al mismo tiempo, alcanzables en el futuro previsible: un fruto al alcance de la mano en el árbol del progreso.
La perspectiva espacial
La nanotecnología también hará que la colonización del espacio sea económicamente viable. En este punto, es fundamental comprender la verdadera escala de los recursos que están al alcance de la humanidad.
A escala cósmica, la Tierra es un grano de arena insignificante y diminuto en un océano de materia y energía. Cada segundo, en el espacio se disipa de forma natural una cantidad de recursos miles de millones de veces superior a todo lo que la especie humana ha utilizado en toda su historia.
Se requiere una imaginación extremadamente limitada para no ser capaz de concebir un uso más creativo de toda esta materia y energía.
El derecho a elegir
Si, por ejemplo, tras miles de años de vida una persona decide poner fin a su camino, ¿qué tendría de malo
El verdadero mal es que la vida de una persona se interrumpa contra su voluntad: una catástrofe repentina, una enfermedad incurable, la violencia, la vejez. Estas son las causas de muerte a las que se opone la filosofía del cosmismo.
Horizontes inexplorados del ser
Es muy posible que, al final, nadie quiera morir nunca, ya que la vida misma y todo lo que puede ofrecer seguramente se verán enriquecidos con posibilidades hasta ahora inexploradas e inconcebibles, mejorando cualitativamente lo que hoy llamamos vivir y existir.
Los teléfonos inteligentes, la televisión, YouTube, los videojuegos: todo esto resultaría sorprendente e inimaginable para quienes vivieron hace solo cien años. Sin duda, en el hipermundo del futuro también surgirán muchas cosas nuevas e impensables.
Lo más probable es que las personas puedan vivir vidas enteras basadas en «guiones», participando en una u otra época histórica con una inmersión total en el tejido de los acontecimientos. Sería posible incluso experimentar una especie de reencarnación, pero conservando la memoria de la personalidad sobre el pasado.
La bioquímica de los estados
Aquí es importante abordar un punto fundamental que a menudo se pasa por alto en los debates sobre la inmortalidad. El cansancio de vivir, la apatía y la pérdida de interés por la existencia son, en última instancia, cuestiones de bioquímica, y no consecuencias inevitables de los conocimientos y la experiencia acumulados.
Los antidepresivos y la psicoterapia actuales son tecnologías de intervención propias de una especie de Edad de Piedra, si se comparan con el potencial que existe para corregir la homeostasis interna del ser humano.
Nos acercamos al umbral de una era en la que el equilibrio interno, tanto mental como físico, se podrá regular y ajustar de la mejor manera posible.
Esto no significa una felicidad forzada o un «paraíso químico». Se trata de la posibilidad de mantener un estado mental óptimo y natural para una vida plena: claridad de percepción, profundidad emocional, energía creativa y capacidad de asombro y alegría.
La naturaleza de los pioneros
El aumento radical de la esperanza de vida significa adentrarse en un territorio inexplorado, donde serán inevitables los encuentros con efectos impredecibles y tal vez incluso peligrosos.
En todas las épocas, siempre ha habido personas que buscan superar los límites, explorar o conquistar nuevas tierras. Cruzaron océanos inmensos, viajaron al espacio, escalaron el Everest, exploraron el fondo de la fosa de las Marianas y lograron hazañas deportivas increíbles. Todo esto representa diferentes formas de ir más allá y superar las fronteras de lo posible.
Ir más allá de la esperanza de vida habitual es una manifestación igual de natural de la esencia humana y de nuestro deseo inherente de superar los límites. Esto sucederá inevitablemente, de una forma u otra; es, si se quiere, el destino de nuestra especie.
La gradualidad de la gran transición
La resurrección tecnológica universal de la que habla la filosofía del cosmismo no se concibe como un acto único, sino como un proceso gradual y minuciosamente controlado. El ritmo de las «extracciones» del pasado se podrá y se deberá regular, realizándolas a medida que la civilización receptora esté preparada para ello.
Este es un punto fundamental: no se trata de inundar el futuro de forma caótica con miles de millones de personas resucitadas, sino de una integración por etapas, donde cada paso se calcula meticulosamente teniendo en cuenta los posibles problemas y riesgos.
Premisas tecnológicas de la abundancia
Hoy ya se vislumbran los caminos que llevarán a la humanidad hacia una economía de la abundancia, en la que el coste de producción de cualquier objeto, alimento e incluso edificio será prácticamente nulo. Probablemente bastará con una razón artificial amigable o con la nanotecnología, o bien con la convergencia de la inteligencia artificial con la robótica. Por supuesto, también es posible que surja algo completamente distinto.
Nanotecnología: funcionamiento y posibilidades
La nanotecnología consiste en la manipulación de la materia a nivel atómico, en la creación de redes interconectadas de nanorrobots, es decir, nanofábricas. La comprensión de las perspectivas de este campo por parte de los líderes de nuestro país llevó a la creación de la sociedad por acciones «Rusnano», dirigida por Anatoli Chubáis. Se quería hacer lo mejor, pero resultó como siempre.
Quizás lo más elemental que se podría fabricar con ayuda de la nanotecnología sea un diamante de diez por diez centímetros. El tiempo estimado de creación, según Eric Drexler, es de aproximadamente una hora. La materia prima es el carbono. El cartucho para esta tarea podría llenarse incluso con minas de un lápiz común: el grafito y el diamante están hechos de la misma sustancia y solo se diferencian en la estructura de su red cristalina.
La nanotecnología funciona a nivel atómico, y son precisamente estas estructuras las que los nanobots podrán desmontar y volver a ensamblar.
Inundar el mundo con diamantes baratos no aporta un beneficio significativo. El verdadero reto es imprimir de la misma manera, por ejemplo, una hamburguesa, y hacerlo de forma perfectamente precisa, con todos los orgánulos intracelulares de la carne, incluso los dañados por la cocción. Esto es mucho más complejo, decenas o cientos de veces más difícil que crear un diamante. Sin embargo, los teóricos no han encontrado razones físicas por las cuales esto sea técnicamente inviable.
Revolución en la producción
Al desarrollar la nanotecnología hasta un nivel que permita crear pan o carne, la humanidad tendrá la capacidad de producir prácticamente cualquier cosa, desde una copia perfecta de un reloj suizo hasta un automóvil entero. Para una nanotecnología madura, no hay una diferencia fundamental en qué crear, siempre que la estructura del objeto esté descrita al detalle. La descripción anterior es, por supuesto, simplificada, pero la esencia de la nanotecnología radica precisamente en estas capacidades.
Imagine un futuro en el que usted descarga una plantilla de internet y, en un nanoimpresor doméstico del tamaño de un microondas grande, reproduce un plato creado hace décadas por el mejor chef italiano. Las materias primas para estos dispositivos serían simplemente un conjunto de elementos químicos de la tabla periódica.
Los nanorobots, al igual que las hormigas en una colonia, podrán no solo crear, sino también desmantelar. Un vertedero de basura acumulado durante décadas podría ser descompuesto en sus elementos constituyentes y transformado en bloques de materia prima para nanoimpresoras. Esos mismos robots son potencialmente capaces de construir edificios con propiedades inalcanzables para los materiales actuales. A largo plazo, esta tecnología permitirá terraformar y acondicionar planetas enteros.
La inflación del término
Lamentablemente, en el espacio mediático la palabra «nanotecnología» ha sufrido una inflación semántica. El prefijo «nano-» empezó a añadirse a cualquier cosa, dando lugar a «nanolavados», «nanotractores» y otras quimeras del marketing.
En la realidad, los logros prácticos se limitan por ahora a nanopelículas o nanotubos de carbono, utilizados para mejorar las propiedades de ciertos materiales y realizar otras optimizaciones menores.
Detrás de este ruido informativo, la comprensión de las perspectivas verdaderamente revolucionarias de la nanotecnología molecular en la conciencia colectiva se ha diluido y casi se ha perdido.
Para lograr avances civilizatorios comparables en escala con el viaje al espacio o el control de la fisión nuclear en un reactor, las empresas emergentes no son adecuadas. Las tareas de tal magnitud no son económicamente viables y, por lo tanto, no interesan al capital de riesgo; para su realización se requiere una voluntad de otro orden.
Inteligencia artificial y robótica
Otra tecnología capaz de cambiar radicalmente nuestro mundo y el orden social es la inteligencia artificial en sinergia con la robótica.
Los mejores robots humanoides actuales ya se acercan al nivel humano en cuanto a su capacidad para manipular objetos físicos. Su principal limitación es el desarrollo insuficiente de sus capacidades cognitivas, su «cerebro». Pero esto es solo cuestión de tiempo: cuando las mejoras acumuladas den un salto cualitativo, se producirá una transición de fase y los robots verdaderamente inteligentes podrán reemplazar al ser humano en prácticamente todos los ámbitos del trabajo físico e intelectual.
Una distinción importante: inteligencia artificial frente a razón artificial
Aquí es de vital importancia distinguir entre dos conceptos:
La inteligencia artificial fuerte (IA) es una herramienta sumamente eficaz, un asistente capaz de resolver tareas complejas, pero que carece de autoconciencia y de una verdadera autonomía. Es un sirviente perfecto, sin deseos propios, sin conciencia de sí mismo y sin miedo.
La razón artificial es algo cualitativamente distinto: una personalidad plena en un soporte no biológico, dotada de autoconciencia y libre albedrío.
Es posible anticipar algunos problemas potenciales relacionados con la motivación, la cual en los seres humanos está predeterminada por la evolución y las particularidades de su arquitectura biológica. Sin embargo, este asunto va más allá del alcance de la discusión actual.
En cualquier caso, la razón artificial plantea cuestiones éticas fundamentales y la necesidad de consagrar por ley los derechos de tales seres, así como la prohibición de su explotación.
Al parecer, todavía estamos muy lejos de la creación de una verdadera razón artificial, a diferencia de la inteligencia artificial fuerte, a pesar de las especulaciones de los creadores de las redes neuronales actuales, que a menudo llaman «razón» a lo que, en esencia, no lo es.
Consecuencias sociales de la automatización
Las perspectivas de una automatización total despiertan en muchos una preocupación justificada: ¿qué pasará cuando los empleadores ya no necesiten a las personas
Sin embargo, al reemplazar al ser humano por un robot, la cantidad de bienes materiales no disminuye, sino que aumenta, ya que las máquinas trabajan de manera más eficiente y las veinticuatro horas del día. Incluso una fracción del rendimiento de un robot es suficiente para asegurar un ingreso constante al empleado despedido. Por lo tanto, el problema no radica en la producción misma, sino en la redistribución justa, o no tanto, de los bienes creados.
Los temores actuales sobre cuánto costará la «extracción» o cuántos años habrá que trabajar después para compensarla, sin duda se volverán obsoletos.
Riqueza desperdiciada
La humanidad ya es hoy en día potencialmente muy rica, pero gasta la mayor parte de sus recursos de manera improductiva o, francamente, inútil. Para comprender la magnitud del problema, analicemos algunos ejemplos.
El oro
¿Por qué la humanidad sigue extrayendo oro Para una empresa en particular, la respuesta es obvia: el beneficio. El oro es una medida de valor, un activo de refugio y una reserva estatal líquida.
Pero desde el punto de vista de la humanidad en su conjunto, ya hemos extraído suficiente oro para cubrir todas las necesidades prácticas durante siglos. Continuar con la extracción significa quemar recursos solo para aumentar las reservas de un metal que yace inútilmente en las bóvedas.
La extracción mundial de oro consiste en la creación de un valor ilusorio de unas tres mil toneladas de metal al año. Con esos mismos recursos —mano de obra, energía y maquinaria— se podrían mantener los salarios de todos los participantes en el proceso y, además, construir hospitales, desarrollar la ciencia y la educación, producir alimentos y enviarlos como ayuda humanitaria.
El concepto del fondo común
Si imaginamos a la humanidad como un sistema único con un fondo común de recursos y bienes, cada uno de nosotros, con su actividad, o bien aporta bienes reales a este fondo, o bien los extrae, creando solo una ilusión de utilidad y, a veces, destruyendo deliberadamente lo creado por otros, por ejemplo, en la lucha competitiva.
Se puede ganar la vida creando riqueza: produciendo alimentos, construyendo casas, curando a las personas o educando a los niños. O bien se puede ganar la vida generando desgracias para los demás.
Si nos detenemos a pensar y somos honestos con nosotros mismos, podemos comprender qué es lo que realmente generamos con nuestra actividad, si riqueza o desgracia, y qué produce la organización a la que pertenecemos. En la mayoría de los casos, la respuesta es obvia: o bien aportamos, o bien parasitamos, o bien destruimos los bienes creados por otros.
El precio de la confrontación
La defensa de intereses puramente nacionales en detrimento de los de toda la humanidad genera un despilfarro de recursos a una escala colosal. Los complejos militares-industriales, los ejércitos, las flotas y las bases militares: todo esto absorbe recursos gigantescos sin generar ningún bien real.
Durante los conflictos armados se produce la destrucción directa de la riqueza acumulada, por no hablar de las tragedias humanas.
Esto, por supuesto, no es un llamado al pacifismo ingenuo, sino un intento de llamar la atención sobre el precio que paga la humanidad por su incapacidad para llegar a acuerdos. La falta de una optimización racional y el bajo rendimiento en los distintos niveles del sistema se deben, en gran medida, a las contradicciones entre el interés particular y el general, así como a nuestra división en clanes que defienden dichos intereses.
Esta ineficiencia se manifiesta en todas partes, tanto en lo grande como en lo pequeño, y las pérdidas totales de bienes no se miden en porcentajes, sino en múltiplos.
Para que la humanidad pueda alcanzar la inmortalidad y la resurrección, debe, ante todo, lograr formas de unión. Sin una gran idea unificadora y universal, el ser humano es un competidor para el otro, e incluso un enemigo. En esto radica una de las claves esenciales de la filosofía del cosmismo ruso.
Ciencia sin resultados
El entorno académico actual suele estar más preocupado por el número de publicaciones, los índices de citas y la obtención de subvenciones que por los avances reales. El sistema de incentivos para los científicos está diseñado de tal manera que fomenta la simulación de actividad en lugar de la consecución de resultados. Un científico que publica un centenar de artículos mediocres resulta más exitoso en este sistema que aquel que trabaja durante años en un solo descubrimiento revolucionario.
Innovación sin innovación
El modelo de las startups, eficaz para ciertas tareas, se aplica de forma mecánica en todas partes, incluso donde no corresponde. Los presupuestos para la innovación son absorbidos por personas que ni siquiera entienden la diferencia entre innovación y modernización. Así se crea una apariencia de intensa actividad, mientras que el progreso real y tan necesario brilla por su ausencia.
Sustitución de objetivos
Las corporaciones transnacionales, a través de un marketing agresivo, ya no solo venden: ahora moldean los valores de vida y crean necesidades artificiales, orientándolo todo exclusivamente hacia su propio beneficio.
Se propone a las personas llenar con el consumo el vacío existencial surgido de la pérdida de un sentido auténtico.
Ha ocurrido una inversión monstruosa: las personas se han convertido en un simple recurso para el capital. Sin embargo, es el capital el que debería servir como herramienta para desarrollar el potencial humano, y de ninguna manera al revés.
El camino hacia la verdadera abundancia
La transición hacia una economía de la abundancia no es simplemente un desafío tecnológico. Requiere transformar las relaciones sociales y superar las contradicciones entre los intereses privados y los comunes.
Las tecnologías —como los nanorrobots, la inteligencia artificial, la fusión termonuclear controlada y otras— nos proporcionarán las herramientas. Sin embargo, el uso de estos recursos para crear una verdadera abundancia, en lugar de nuevas formas de desigualdad y explotación, exigirá que la humanidad elija conscientemente la cooperación frente a la competencia, y el bien común frente al beneficio privado.
En el contexto del proyecto de la resurrección universal, esto significa que no solo es necesario crear una base tecnológica para la abundancia, sino también resolver contradicciones sociales fundamentales.
De lo contrario, la abundancia coexistirá con una escasez mantenida artificialmente, donde la suma de las tecnologías servirá para profundizar la desigualdad y no para liberar al ser humano.
La ciencia de la felicidad: de las preguntas filosóficas a las soluciones tecnológicas.
¿Qué es la felicidad ¿Son todas las personas capaces de experimentarla ¿En qué se diferencia la felicidad de la alegría Si la alegría es solo un estado mental temporal, ¿es posible prolongarla muchísimo más Y si parece que se cumplen todas las condiciones necesarias para ser feliz, pero la felicidad no aparece, ¿cuál es la causa
Incluso definir el concepto de felicidad es ya un tema para un profundo debate filosófico. Si preguntamos a distintas personas cómo alcanzarla, obtendremos respuestas muy diversas. Las recetas propuestas resultarán tan individuales que será imposible encontrar una fórmula universal.
Muchos ni siquiera son plenamente conscientes de que el éxito y la felicidad son dos cumbres completamente distintas, que a menudo se encuentran en direcciones opuestas.
De dónde viene la felicidad y de dónde el aburrimiento, la gente lo ignora y la ciencia calla.
En las escuelas no se enseñan los fundamentos de la ciencia de la felicidad. Resulta sorprendente que un aspecto tan crucial de la existencia humana quede fuera de la educación formal. Un nombre como «Instituto de la Felicidad de la calle Tverskaya» suena más a broma que a una institución científica seria. Casi nadie trabaja de manera metódica y científica en una ciencia aplicada de la felicidad.
Tal vez aún no haya llegado el momento, pues otras prioridades parecen más urgentes. Existen psicoanalistas, entrenadores y gurús del crecimiento personal, pero, en general, ante esta cuestión tan crucial, las personas están abandonadas a su suerte: buscan, se esfuerzan y vuelven a tropezar con la misma piedra una y otra vez, generación tras generación.
Las prácticas espirituales, los talleres de crecimiento personal, el concepto de la pirámide de Maslow y trampas como la meta de ganar un millón de dólares son, a veces, intentos torpes de llenar el vacío de un conocimiento sistematizado sobre la felicidad. Sin una base científica sólida, estos enfoques siguen siendo fragmentarios y contradictorios.
Prioridades estatales y felicidad humana
La verdad es que, por ahora, a los Estados simplemente no les preocupa la felicidad individual. Su atención a los ciudadanos se expresa en subsidios sociales, salud accesible, urbanismo, desarrollo de infraestructura y educación. Todo esto, por supuesto, es importante y necesario, pero es solo el cimiento.
Hoy, la palabra principal que Rusia debe promover es "felicidad". Somos un país de felicidad humana,
Hasta ahora, para los Estados sigue siendo más prioritario crear nuevas armas, lanzar satélites o superar a un adversario potencial, que asegurar la felicidad de las personas concretas que participan en esta carrera. Podría parecer que así debe ser, simplemente porque nadie ha visto cómo podría ser de otra manera.
Арестович Алексей Николаевич включён Росфинмониторингом в перечень террористов и экстремистов. Объявлен в федеральный розыск.
En el futuro, la vida de todas las personas, la felicidad y sus aspectos cualitativos se convertirán en la principal prioridad global. Al fin y al cabo, ¿qué otra prioridad podría tener el mundo de los seres humanos
"Hoy, la palabra principal que Rusia debe promover es la palabra 'felicidad'. Somos el país de la felicidad humana", declaró Artemy Andréievich Lébedev, un hombre que ha visitado todos los países del mundo.
Que los Estados Unidos de América sigan afirmando que tienen libertad y democracia. Rusia debería declarar que su prioridad es el bienestar y la plenitud de sus ciudadanos. Esta podría ser una excelente ideología competitiva.
A Artemi Andréievich Lébedev le secunda también Alekséi Nikoláievich Arestóvich. En su análisis del libro «La hora del Toro», del escritor de ciencia ficción soviético Iván Antónovich Yefrémov, Arestóvich actualiza el término aristotélico de «eudemonía» y señala así las vías para salir del infierno contemporáneo. A continuación se presenta un fragmento de audio de este análisis. Al plantear de este modo la cuestión de la felicidad, el dolor y la alegría, cambiamos radicalmente la propia civilización y el rumbo del desarrollo social, lo que en última instancia es capaz de transformar el orden mundial planetario y encauzarlo por un camino más positivo.
Hoy en día, algunos podrían sonreír con escepticismo: «¿De qué felicidad rusa me habla». Viajen a las regiones, a las provincias más profundas, y vean cómo la gente sobrevive allí con salarios y pensiones de miseria.
El bienestar material, por supuesto, es necesario; es una condición importante, aunque no suficiente, para la felicidad misma. La felicidad no reside tanto en el dinero y el consumo, aunque, cuando no se tiene absolutamente nada de dinero, resulta difícil estar de acuerdo con esta afirmación. ¿De qué se compone entonces ¿Cómo surge esa magia en el alma de las personas ¿Con qué hay que regarla y abonarla
A juzgar por el código cultural, por el arquetipo de una idea particular de justicia donde la verdad importa más que el beneficio, ¿en qué otro lugar, si no en Rusia, se debería hablar de esto e intentar construirlo Después de una nueva reconfiguración, por supuesto.
Por ahora, lo que se observa es más bien un vacío ideológico generalizado, y no intentos viables en algunas regiones de formar la palabra «felicidad» a partir de las letras de la palabra «desastre».
Advertencia desde el laboratorio: el experimento «Universo veinticinco»
En el contexto de las reflexiones sobre la felicidad, el experimento «Universo veinticinco» resulta sumamente instructivo. Este fue el vigésimo quinto intento del etólogo John Calhoun de construir un paraíso para ratones, y todos los intentos anteriores habían terminado de manera igualmente trágica.
A pesar de la abundancia de agua y comida, la ausencia de amenazas externas y enfermedades, una temperatura agradable y espacio suficiente, la colonia de ratones invariablemente se degradaba y se extinguía.
Tras la fase inicial de crecimiento, llegaba un período que Calhoun llamó «sumidero conductual»: la desintegración de los lazos sociales, la agresión, la apatía y el rechazo a reproducirse. Al final, toda la población moría, a pesar de la total abundancia material.
Los seres humanos, por supuesto, no somos roedores, pero algunas tendencias de la civilización moderna sugieren analogías preocupantes. La depresión se está convirtiendo en una epidemia en los países más ricos, la natalidad cae precisamente allí donde las condiciones materiales son mejores, y la atomización social crece en clara correlación con el aumento del bienestar.
El enfoque transhumanista: la ingeniería de la felicidad
Los transhumanistas sostienen que son admisibles y deseables las intervenciones radicales para reestructurar el organismo humano, incluidos los sistemas responsables de los estados emocionales.
En el futuro, cuando la ciencia logre comprender de manera profunda y precisa los procesos bioquímicos del cerebro, también será posible intervenir de forma adecuada en el sistema de recompensa interna que nos ha dado la evolución.
Al influir en los sistemas neuronal, inmunitario y endocrino, las personas podrán literalmente controlar su estado de ánimo y su condición, adaptándolos a las tareas del momento, ya sea la creación que requiere inspiración o procesos cognitivos complejos.
Es probable que en este proceso se encuentre un equilibrio armonioso, una especie de «llaves de la felicidad», y no un simple método para obtener un placer constante de cualquier actividad. Por supuesto, no se trata de un estado de intoxicación crónica, sino de mantener de forma constante un estado psicofísico natural y óptimo, necesario para una vida plena, productiva y alegre.
Biotecnologías de la juventud
En el futuro, la biotecnología y las tecnologías cognitivas se utilizarán para mantener la juventud física y emocional. Esto incluye no solo una homeostasis hormonal saludable, sino también la optimización de todos los demás indicadores vitales.
Imagine un estado en el que siempre hay energía, claridad mental y apertura emocional; un estado donde se quiere y se puede. Esto se convertirá en un elemento fundamental de aquel Paraíso Hecho por el Hombre del que habla la filosofía del cosmismo.
La ilusión de la felicidad en la era del consumo
Hoy en día, la felicidad suele ser solo un señuelo: una animación en una pantalla que cuelga de un soporte fijado a la cabeza. Es imposible acercarse a esta pantalla: vaya donde vaya, se moverá con usted.
La gente vive rodeada constantemente de imágenes de felicidad. El ritual del consumo enseña al ser humano a fingir entusiasmo por lo que, en el fondo, no es más que un ajetreo impuesto.
Todo el arte de masas termina con un final feliz que prolonga de manera engañosa la felicidad hacia la eternidad. Cualquier otro escenario parece estar prohibido.
Parece obvio hasta para un tonto que a la vuelta de la esquina esperan la vejez y la muerte. Pero no se le permite detenerse a pensar, porque las imágenes de alegría y éxito lo bombardean desde todas partes.
Tragedia biológica
Por supuesto, hay personas que son felices temporalmente. Pero pocos en nuestro mundo pueden ser más felices que su propio cuerpo. Y el cuerpo humano es infeliz por naturaleza: está ocupado en morir lentamente.
Buscamos la felicidad en cuerpos programados biológicamente para el deterioro y la muerte. El envejecimiento no es solo la acumulación de años, sino el declive gradual de todas las funciones, incluida la capacidad de sentir alegría, entusiasmo y amor.
En el contexto del proyecto del cosmismo ruso, esto significa que las generaciones resucitadas deben volver no solo a la vida, sino a una vida llena de auténtica felicidad: no una ilusoria y pasajera, como suele ser hoy en día, sino profunda y duradera, basada en la superación de las propias causas biológicas de la infelicidad y el sufrimiento.
El ser humano no se siente satisfecho de manera absoluta, sino relativa.
Las personas que dejamos entrar en nuestro círculo son nuestros rivales, que vigilan de cerca cada uno de nuestros éxitos y fracasos. Competimos con ellos, incluso si creemos que no es así, y ellos intentan superarnos. Comparamos constantemente nuestros logros y fortunas. Se supone que los amigos deben ser testigos de nuestro éxito, pero en el fondo no quieren que la suerte nos sonría más que a ellos. Sentimos celos de nuestros amigos y ellos de nosotros, porque son los puntos de referencia con los que medimos nuestro propio crecimiento.
Se puede entender y aceptar, incluso con frío desprecio, que todos participamos en una carrera de ratas unos contra otros. Pero no queremos salir de esa carrera. Queremos ganarla, y al hacerlo, pasamos por alto que podríamos haber elegido algo completamente distinto.
El fracaso ajeno se puede sobrellevar con facilidad, pero aceptar el éxito de los demás es increíblemente difícil. A veces, las personas se distancian, de forma consciente o inconsciente, para evitar sentir envidia o rabia: rabia hacia sí mismas por su falta de felicidad, y hacia el otro, que parece tener más bienes y, por lo tanto, más felicidad.
Recomendación sobre el tema
Como referencia adicional, se puede recomendar la conferencia de Andréi Kurpátov "¿Cómo ser feliz", preparada para el tercer Foro de Innovación Social de la Federación de Rusia.
Diversidad y transformación: sobre el valor de cada persona en el proyecto de la resurrección.
Seguramente el proceso de «extracción» comenzará con los casos más sencillos y avanzará hacia los más complejos a medida que aumente la preparación integral para ello.
El peligro de la selección.
El intento de seleccionar o convertir a toda la humanidad únicamente en «angelitos» perfectos sería un claro error. La necesidad de dividir a las personas en dignas e indignas de salvación es una noción muy arcaica de la rectitud. Es posible que esta idea se haya introducido deliberadamente en el pasado, en los textos religiosos sagrados, con el fin de señalar la dirección correcta del vector moral y simplificar los complejos matices éticos.
No debemos olvidar que los textos religiosos fueron escritos para personas que vivieron hace más de mil años, y no para nuestros contemporáneos.
Al intentar esterilizar y refinar a la humanidad basándonos únicamente en nuestras nociones actuales de lo bueno, perderemos inevitablemente algo importante, algo que trasciende los límites, siempre tan estrechos, de nuestras percepciones individuales.
La metáfora de las semillas.
Tras su «extracción», cada persona debe ser vista como una semilla. Cada una de estas semillas del pasado representa una combinación única de genes, experiencia, contexto cultural y circunstancias de vida. Es precisamente en esta singularidad y diversidad de los individuos donde reside su valor imperecedero.
La semilla es un potencial, no una forma definitiva. Al caer en una tierra nueva, cada persona resucitada podrá continuar su evolución única, obteniendo oportunidades y herramientas fundamentalmente nuevas y sin precedentes para su desarrollo y transformación personal.
Junta, esta diversidad de personalidades creará un movimiento aún más inteligente y variado. La vida es movimiento, y a nosotros solo nos queda conjeturar hacia dónde y con qué propósito se dirige.
Tal vez, de este modo el Universo busque comprenderse a sí mismo a través de las miríadas de nuestras pequeñas perspectivas personales de observación y entendimiento. Tal vez el aprendizaje y el desarrollo sean propiedades básicas de la materia viva, inscritas en su código fuente. Tal vez exista un propósito que aún no somos capaces de comprender del todo.
Pero una cosa está clara: la diversidad, incluso la diversidad excesiva, es de vital importancia para la vida. En la monotonía y en la estéril «corrección» no hay movimiento y, por lo tanto, tampoco hay vida.
Transformación a través de la inmersión
Las «extracciones» representan un aumento exponencial de la diversidad potencial de la experiencia y la actividad humana. Al ingresar en un nuevo entorno —tal vez diseñado en parte para una adaptación suave—, el resucitado se verá envuelto en una serie de circunstancias y situaciones vitales que, inevitablemente, comenzarán a cambiarlo.
El ser humano evolucionará mentalmente, revisando sus prejuicios y actitudes, de los cuales todos estamos llenos. Tendrá un éxito especial en esto si cuenta con la ayuda de mentores experimentados: aquellos que ya han pasado por una transformación similar.
A través de esta nueva comprensión, cada persona podrá mirar de otra manera su pasado y sus acciones, tanto las propias como las ajenas. Podrá entender sus causas profundas y, gracias a este entendimiento, tal vez perdonar lo que antes parecía imperdonable.
Octavas de percepción y empatía
En el futuro, la personalidad no solo cambiará por lo nuevo que el ser humano sea capaz de comprender con la mente, sino también por lo que sea capaz de sentir. Y aquí llegamos al concepto de la limitación sensorial del propio ser humano.
Hoy en día, cada individuo tiene un rango de percepción bastante limitado. Un general de los servicios secretos que ha pasado media vida protegiendo las fronteras de amenazas externas; un artista de variedades que vive en un mundo de fama y adoración; una joven que lleva años meditando en un ashram de la India... todos ellos están en el mismo planeta, pero habitan en mundos completamente diferentes. Sus rangos sensoriales son casi inaccesibles entre sí.
Imaginen esto: el rango completo de posibles sentimientos, sensaciones y estados es como un piano del tamaño de una barcaza. Sin embargo, hoy en día cada persona solo tiene acceso a una octava, aproximadamente, de este grandioso instrumento.
Algunos tienen más suerte: perciben varias octavas, por lo que su mundo es más rico y diverso. Otros tienen menos suerte y tocan la sinfonía de su vida usando solo tres notas.
Hay quienes golpean patológicamente una sola tecla, acumulando dinero y poder a una escala que sume en la pobreza a países enteros, mientras que toda la demás diversidad de la vida simplemente no les conmueve: son sordos a esas frecuencias.
Este tipo de distorsiones, adicciones y limitaciones se podrán tratar mediante la ampliación del rango de percepción y el aumento de la apertura hacia lo nuevo.
Se requerirá un enfoque integral que incluya tanto terapia experiencial como una intervención tecnológica directa; tal vez incluso a través de una reimpronta voluntaria parcial y la reestructuración del sistema de recompensa de dopamina del organismo.
El proyecto Neuralink de Elon Musk promete a futuro no solo leer pensamientos concretos, sino también emociones: registrarlas en alta resolución y luego transmitirlas a otra persona. Algún día será posible compartir toda una percepción personal del mundo de esta manera, lo que por sí solo podría llevar a una reevaluación radical de los valores.
No solo se podrán registrar y transmitir las experiencias positivas. El casi millón de civiles muertos durante la guerra de Irak y la catástrofe humanitaria posterior es hoy para nosotros una simple estadística, al igual que los datos de Libia, Siria y otros conflictos.
Pero ¿qué sintieron los supervivientes, cuyas casas fueron destruidas, sus vidas arruinadas y sus familiares asesinados Si la gente tuviera acceso no solo a noticias sesgadas, sino a las propias sensaciones y vivencias de las víctimas en tiempo real, si pudiera sentir la verdadera magnitud de la tragedia, se tomarían decisiones completamente distintas. Y probablemente se tomarían de otra manera.
De la fragmentación a la unidad
Los grupos de cazadores-recolectores primitivos no solían superar las cien o ciento cincuenta personas, un entorno donde todos los miembros de la tribu se conocían y se sentían perfectamente. La agricultura permitió aumentar significativamente la población, pero, como resultado de este crecimiento a gran escala, las personas perdieron sus vínculos mutuos y quedaron globalmente desunidas. Esto generó contradicciones sistémicas, y también a quienes aprendieron a sacar provecho de ellas.
Existen diversos enfoques potenciales, tanto sociales como tecnológicos, para restaurar la unidad perdida. Es posible que el propio internet se transforme en una especie de mente colectiva, convirtiéndose en una extensión de la personalidad de cada individuo. De este modo, las decisiones importantes se tomarían mediante alguna forma de consenso colectivo directo, y no en audiencias parlamentarias por un puñado de representantes corruptos.
Es difícil predecir los mecanismos concretos de estos cambios. Pero es importante comprender que el pasado no es una condena. Lo que hoy nos parece tan crucial e imperdonable, en el futuro podría percibirse como viejas peleas infantiles que han perdido por completo su importancia.
La civilización del perdón
El proyecto de la resurrección universal no es un mero logro tecnológico. Es el proyecto de creación de una civilización capaz de acoger toda la diversidad de la experiencia humana, incluidos sus aspectos más oscuros, y de transformar esa diversidad en riqueza.
Cada persona resucitada no es un objeto de juicio, sino un sujeto de desarrollo. Cada individuo, sin importar cómo haya sido en el momento de su muerte, tendrá la oportunidad de transformarse, de expandir su percepción, de comprender y de ser perdonado.
En este contexto, las «extracciones» no son un simple retorno a la vida, sino una invitación a participar en el grandioso proyecto de construcción de una forma de vida inteligente nueva, más compleja y armoniosa.
Una forma donde la diversidad no es fuente de conflicto, sino la base de una sinfonía; donde cada nota, incluso la disonante, encuentra su lugar en la armonía general.
¿Es esto una utopía Tal vez. Pero toda la historia de la humanidad es un movimiento de lo imposible a lo posible. Y si aprendemos a resucitar a los muertos, también aprenderemos a crear las condiciones para su verdadera transformación e integración en un todo único, pero infinitamente diverso.
El poder y la arquitectura de seguridad para cien mil millones de personas
El orden contemporáneo se basa en el poder de unas personas sobre otras y en el monopolio del Estado sobre el uso de la fuerza. Por costumbre, nos resulta difícil pensar en cualquier otro sistema de ideas; nos cuesta incluso concebir la existencia misma de una alternativa: un mundo donde el poder como tal no exista por no ser necesario.
Toda nuestra historia es una crónica de dominación y sumisión, de jerarquías y revoluciones, de tiranos y libertadores. Estamos impregnados de este paradigma bastante belicoso, donde la ausencia de poder parece sinónimo de caos.
¿Libertad tecnológica o control total
En una versión puramente hipotética de la sociedad del futuro, tal vez una persona no pueda golpear físicamente a otra sin su consentimiento. Ningún acto de agresión —ya sea verbal, psicológico o físico— será posible si el destinatario no desea aceptarlo.
Sin embargo, aún no está claro cómo implementar esto en la práctica mientras sigamos en un cuerpo biológico. Por supuesto, se puede fantasear con interfaces neuronales que bloqueen los impulsos agresivos, o con nanobots que paralicen los músculos ante cualquier intento de violencia. Pero ¿quién controlará estos sistemas ¿Y no se convertirán acaso en un instrumento de sometimiento total bajo el pretexto de una seguridad absoluta
¿La jerarquía como necesidad
Los sistemas actuales tienen jerarquías integradas sin las cuales inevitablemente se desmoronarían. ¿Tiene sentido soñar con derechos y libertades separados de la responsabilidad, o incluso de un regulador en forma de estructuras de poder
Al menos hoy podemos reflexionar con calma y debatir filosóficamente sobre este tema, sin temor al potro de la Inquisición o a la crucifixión por decisión de un procurador romano.
El anarquismo es la denominación general de los sistemas de pensamiento que niegan la necesidad de un control coercitivo y del poder del ser humano sobre el ser humano. Los anarquistas defienden la autogestión, y existe una gran variedad de corrientes que a menudo difieren en diversas cuestiones, desde las secundarias hasta las fundamentales. Las vertientes del pensamiento filosófico anarquista abarcan un amplio espectro de ideas, desde el individualismo extremo hasta el comunismo sin Estado. Algunos anarquistas rechazan por completo cualquier tipo de coacción y violencia; por ejemplo, los tolstoianos, representantes del anarquismo cristiano.
La vulnerabilidad de cualquier arquitectura
La sola presencia de una estructura dominante en el Hipermundo es una clara vulnerabilidad:
El poder centralizado puede verse comprometido desde el exterior.
Puede mutar desde el interior.
El control puede ser interceptado.
El sistema de gestión puede perder vigencia, lo que provocaría su colapso debido a las contradicciones surgidas de las nuevas circunstancias y de una nueva comprensión de la mecánica de las interacciones sociales.
Un sistema descentralizado de gestión y poder tampoco está exento de fallos y vulnerabilidades. ¿Cómo crear un código con una base inquebrantable de postulados y principios para siglos y milenios
Si sus principios deben ser flexibles, surge la pregunta: ¿hasta qué punto y en qué medida pueden transformarse Si se establecen bases rígidas, estas quedarán obsoletas y se convertirán en cadenas.
Teniendo en cuenta que hablamos del destino de al menos cien mil millones de personas, cualquier error en la arquitectura básica podría tener consecuencias catastróficas.
¿Un nido de alacranes o la armonía
Los enfoques actuales para garantizar el consenso social no solo son imperfectos, sino que resultan inestables incluso a escala de siglos. La historia del siglo veinte es la del colapso de todas las grandes ideologías: el comunismo, el fascismo y, ahora, la democracia liberal, que atraviesa una profunda crisis.
Parece que en los cimientos del Hipermundo habrá que establecer enfoques de regulación fundamentalmente distintos. ¿Pero cuáles
Un mundo de personas desprovistas de principios, ideas y convicciones comunes muta inevitablemente en un tarro de arañas que se devoran entre sí. ¿Es posible acaso la existencia de sistemas humanistas reales sin una supercoacción, encarnada en la superética de Dios
La raíz de las guerras
Se necesita una ética común dominante que establezca prioridades para que el sistema no se desmorone por sus contradicciones internas. Es posible formular una nueva ontología y, sobre su base, una nueva ética a partir de las ideas del cosmismo ruso.
Pero ¿qué hacer con aquellos que no quieran compartir esta ética ¿Y qué es lo que esta minoría, o mayoría, seguramente intentará hacer en el futuro, simplemente porque tiene la fuerza y el poder para hacerlo
He aquí la raíz indestructible de las guerras. ¿Pero es realmente indestructible ¿Y es acaso necesario erradicarla
Lo que está en juego y la responsabilidad
No estamos hablando de filosofía política abstracta, sino del destino potencial de cien mil millones de resucitados. Un error en el diseño de la arquitectura social del Hipermundo podría convertirse en un infierno eterno para miles de millones de seres.
La inacción también es una elección. Dejar las cosas como están significa condenar a la humanidad a la reproducción eterna de los ciclos de violencia estructural, solo que ahora a escala de una civilización inmortal.
La paradoja radica en que, para crear un mundo sin poder, podría requerirse una concentración de poder sin precedentes. Alguien tendrá que decidir los principios básicos del Hipermundo. Alguien tendrá que implementarlos. Y ese «alguien» obtendrá un poder superior al de todos los tiranos de la historia juntos.
Cabe esperar que, para cuando estas decisiones sean necesarias, la humanidad haya evolucionado lo suficiente como para dar forma a una visión compartida de un nuevo compromiso global. Un plan de transición detallado que hoy ni siquiera podemos imaginar, tal como la gente del siglo dieciocho no podía imaginar la democracia en internet.
Por ahora, solo nos queda pensar, debatir y buscar. Porque de la calidad de nuestra búsqueda dependerá que el futuro se convierta en un paraíso de libertad o en un infierno de buenas intenciones.
La trampa de la libertad
Una producción de la Corporación Británica de Radiodifusión del año dos mil siete: «La trampa: ¿qué fue de nuestro sueño de libertad»
Esta es una película excelente sobre la crisis del humanismo. ¿Por qué los políticos hablan tan a menudo de libertad, pero cuanto más se les escucha esa palabra, menos libertad tiene la sociedad
El director de la película investiga los orígenes de lo que ocurre con la precisión de un cirujano. Disecciona capa por capa la estructura política y social de la civilización occidental, revelando ante nuestros ojos aquello que habíamos olvidado o que, incluso, jamás llegamos a sospechar.
La libertad de elegir la apariencia en la era de la longevidad radical
La idea de que debe existir cierta correspondencia entre la edad y la apariencia física cambiará radicalmente en cuanto tengamos la libertad de modificar nuestro aspecto a voluntad. La tecnología integral para revertir el envejecimiento del cuerpo humano y rejuvenecerlo ya representa, de por sí, una intervención notable en la apariencia.
Incluso es potencialmente posible rediseñar el genoma de un organismo vivo en cada célula y en cada mitocondria, directamente durante su ciclo vital. Esto se lograría basándose en los principios de la tecnología CRISPR-Cas9, por la cual se otorgó el Premio Nobel en el año dos mil veinte.
La apariencia como una elección
Una persona de doscientos o quinientos años de edad probablemente lucirá como desee. Podrá verse como un anciano canoso y enérgico, como un joven o una joven, o incluso como un personaje de videojuego o de película. La apariencia física será una opción elegible.
Es probable que la primera transformación física sea un proceso prolongado, ya que la mente necesitará tiempo para adaptarse y mantener de forma cómoda la identidad y el autorreconocimiento. Las transformaciones posteriores, de ser necesarias, podrán realizarse con mayor rapidez, pero la primera tendrá un carácter principalmente cosmético, rejuvenecedor y saludable.
El cambio de las normas sociales
La propia percepción de la apariencia y los patrones de correspondencia social obligatoria cambiarán por completo. Es muy probable que las parejas discutan y planifiquen de mutuo acuerdo y con anticipación las modificaciones que deseen realizarse.
Los niños «extraídos» antes que sus padres podrán, si lo desean, adaptar sus cuerpos para la fecha del primer encuentro, recreando el aspecto con el que sus seres queridos los recuerdan. Un niño demasiado maduro podría, por supuesto, causar una impresión impactante en unos padres que no estén preparados. En estos casos, una opción sería presentarse con unos ocho o doce años más, lo que facilitaría que sus padres lo reconocieran físicamente. En cualquier caso, lo más probable es que los sentimientos afloren.
Adaptación a la nueva realidad
Se prestará mucha atención a la adaptación psicológica de los «extraídos». Uno de los elementos clave será la recreación, al principio, de un entorno familiar: tal vez incluso una casa o un apartamento específicos, o la variedad de productos y artículos de la tienda más cercana. Una especie de retrosimulaciones locales.
La naturaleza de la agresión y las vías para su transformación
La agresión, la violencia y la lucha por el dominio jerárquico forman parte, sin duda, de nuestra naturaleza biológica. Al intentar esterilizar y refinar únicamente lo que consideramos bueno, perdemos inevitablemente algo muy profundo y esencial de nuestra propia esencia. Además, ninguna educación, por correcta que sea, puede remodelar todas las manifestaciones predeterminadas por la biología: los genes no se pueden educar. Se puede obligar a un león a actuar en el circo, pero cabe preguntarse cómo afectará una rutina tan antinatural a su calidad de vida.
En cualquier caso, estas «extracciones» implican a personas completamente distintas, ya formadas como individuos, procedentes de diferentes épocas históricas, con crianzas y principios morales que diferirán enormemente incluso de los actuales, por no hablar de los del futuro.
El legado de los vencedores
Todos los que vivimos hoy somos descendientes de vencedores, la continuación de los mejores entre los mejores, de superdepredadores y seres extremadamente astutos que han superado una y otra vez la más feroz selección natural. Por eso, creer seriamente que no hay maldad en uno mismo es, desde luego, un error. Todos tenemos una sombra, a menudo inconsciente o reprimida hasta que llega su momento.
Este mal interno puede adoptar formas híbridas y manifestarse de manera indirecta; por ejemplo, desde la postura de quien defiende el punto de vista correcto, la religión verdadera, la ley, la justicia o incluso el bien. Nuestra propia maldad se otorga a sí misma el derecho de actuar como lo hace, y a menudo intenta comportarse de una manera socialmente aceptable o, al menos, busca una justificación puramente personal para sus actos.
El diablo comienza con la espuma en los labios de un ángel que ha creído en su propia razón y ha entrado en combate por una causa santa y justa. Es eterno el espíritu del odio en la lucha por una causa justa. Y gracias a él, el mal en la tierra no tiene fin.
Resulta mucho más atractivo un personaje como Thomas Shelby, que es consciente de quién es y de lo que hace, que un canalla cuyo último refugio es el patriotismo. Cada uno de nosotros es portador del mal, y creer que no lo llevamos dentro, estando en un cuerpo biológico, es sumamente ingenuo.
El diablo comienza con la espuma en los labios de un ángel que cree tener la razón y se lanza a luchar por una causa santa y justa. El espíritu del odio en la lucha por una causa justa es eterno. Y gracias a él, el mal en la Tierra no tiene fin. Desde que comprendí esto, considero que el estilo de la polémica es más importante que su objeto: los temas cambian, pero el estilo es lo que crea la civilización. — Grigori Solomónovich Pomerants
La externalización del mal
Precisamente el no aceptar el mal en uno mismo lleva a externalizarlo, es decir, a proyectarlo en los demás; por ejemplo, en la figura inventada de un tirano que supuestamente tiene la culpa de todo, o en un grupo de disidentes. Al aferrarse a su propia bondad, a veces incluso los más «iluminados» y aquellos que han alcanzado el zen son incapaces de contener el hervor de su propia podredumbre interna. Esta presión busca una salida y la encuentra en su actitud personal hacia ciertas «categorías» de personas, en las palabras que pronuncian y en su propia postura de supuesta superioridad.
Comprender y aceptar el mal en nosotros mismos nos da más libertad y una capacidad de elección más genuina. En cada uno de nosotros, en esas mismas cadenas de ADN, también reside el bien. La ciencia aún tiene un largo camino por delante para descifrar los mensajes en este lenguaje de nucleótidos y comprender cada vez mejor quiénes somos, de qué formamos parte y qué transmitimos.
De diversas maneras, tanto organizadas como individuales, intentamos contener y reprimir estas manifestaciones tan naturales de nuestra condición biológica, nos esforzamos por distanciarnos de nuestra propia naturaleza e incluso protestamos, afirmando que el ser humano no es un animal.
Posibles soluciones
Existen varias soluciones posibles para el futuro. Un concepto interesante se muestra en la serie "Westworld", de dos mil dieciséis. Se podría modificar la esencia misma del ser humano, y no necesariamente con métodos tan brutales como los de la película "La naranja mecánica", de Stanley Kubrick. Sin embargo, cualquier tipo de modificación de este tipo conlleva limitaciones y coacción; es decir, la misma vieja fórmula de la "violencia por el propio bien". Esto generará resistencia, surgirá una nueva forma de dividir el mundo entre "nosotros" y "ellos" y, como consecuencia, estallará otra guerra.
También se puede intentar otro camino: crear espacios donde se permita manifestar todo aquello que resulta inaceptable en una sociedad civilizada, es decir, "zonas de guerra" o de reglas especiales. No todo el mundo querrá visitar estos lugares, probablemente solo una minoría, pero por el bien común es necesario pensar también en esa minoría.
Lo malo de las guerras no son las guerras en sí, sino el hecho de que en ellas se vean involucradas personas que no lo deseaban en absoluto.
Zonas de reglas especiales
Si tu destino es la guerra, o si en una etapa determinada de tu vida todo tu ser exige ese tipo de acontecimientos, vivencias y experiencias, no hace falta buscar una ideología o una verdad local que justifique tus acciones. Ve a un lugar creado especialmente para esos fines, con riesgos limitados, al que solo se pueda acceder de forma voluntaria y del que solo se pueda salir según las condiciones acordadas desde el principio.
Las condiciones pueden ser muy variadas: un territorio con armas de fuego o, por ejemplo, solo con espadas y flechas. Incluso se podría incluir en el contrato la posibilidad de morir de forma completa y definitiva, aunque con una probabilidad extremadamente baja.
Los principios básicos son sencillos: si quieres tener la posibilidad de ejercer la violencia, de causar daño, perjuicios y sufrimiento, debes estar dispuesto a recibir lo mismo en la misma medida. Todos están en condiciones iguales o casi iguales; quienes arriesgan más deberían, probablemente, obtener más oportunidades o ciertas ventajas iniciales.
Se debe preservar la vida de todos mediante la misma tecnología de «extracciones», a menos que el contrato estipule otras opciones. No es tan sencillo como en un videojuego, por supuesto: tras sufrir un daño «letal», pasar varios meses en un hospital de la época de la Gran Guerra Patria bajo los bombardeos puede ser toda una odisea, al igual que quedar lisiado durante años en medio de esa reconstrucción histórica.
Lo que ocurre en las zonas de reglas especiales se queda allí; no se traslada después al mundo exterior, donde sus habitantes no quieren tener relación alguna con la violencia. Lo descrito aquí no es siquiera un concepto, sino más bien una línea de pensamiento.
La guerra como método de aprendizaje
Tal vez las guerras y los enfrentamientos en el mundo moderno sean también una forma de aprendizaje donde la victoria actúa como árbitro y juez incorruptible. A veces la verdad no nace del debate, sino que solo se reconoce en la batalla. ¿Quién debe decidir exactamente qué es mejor, si el capitalismo o el socialismo ¿Quién debe declarar más adelante que la combinación óptima y razonable de ambos en un solo sistema es la solución ¿Cómo se puede afirmar esto con tanta autoridad y de forma tan incontestable como para que todos estén de acuerdo ¿Es necesario que absolutamente todos estén de acuerdo y dejen de buscar otros caminos mejores
Tal vez las guerras sigan existiendo en el futuro, y no solo como simulaciones históricas para quienes deseen participar en ellas. Las guerras como método de aprendizaje pueden transformarse y volverse aún más diversas, ya que, en esencia, incluso hoy en día son ante todo informativas. En el fondo, se trata de una lucha de significados, de diferentes vectores de movimiento, de una disputa entre distintas verdades que, en conjunto, conforman un mismo tapiz.
Cabe esperar que, en un futuro relativamente cercano, sea posible eliminar manifestaciones tan brutales de confrontación como los tanques, los proyectiles y otras armas letales similares. La esperanza de que más adelante podamos corregirlo todo mediante «eliminaciones» o algo parecido no es, por ahora, más que una esperanza.
El fundamento último
El fundamento último es la respuesta a la pregunta de por qué estás dispuesto, en lo personal, a matar y a morir, en una situación en la que no deseas ninguna de las dos cosas. Incluso sin responderse honestamente a esta pregunta, muchas personas en todo el planeta son capaces de hacer ambas cosas, arrastradas por una especie de «viento de la historia». Al mismo tiempo, los especialistas son capaces de susurrarles al oído de tal manera que los combatientes ni siquiera piensan en su propio «fundamento último», sino que simplemente hacen lo que se les exige.
Solo en el espacio del amor no hay lugar para la guerra.
Solo en el espacio del amor no hay lugar para la guerra.
La evolución de las ideas sobre el paraíso y la naturaleza del milagro
Para un siervo de la gleba que pasa hambre y frío, y cuyo día a día está marcado por el trabajo duro y la limitación cultural, la idea del Paraíso como recompensa por las penurias y privaciones de la vida terrenal puede parecer sumamente lógica, justa y coherente.
Leyendas sobre el paraíso
El Paraíso islámico incluye placeres carnales. Existen leyendas sobre cómo a ciertos guerreros que compartían la mesa con sus líderes espirituales les echaban sustancias psicotrópicas en la comida. Luego, en un estado de somnolencia, los trasladaban a un lugar especial de un lujo inaudito, rodeados de oro y esplendor: fuentes de vino, multitud de mujeres hermosas y serviciales, y una gran abundancia de manjares. Tras permitirles disfrutar de estas delicias por un breve momento, los volvían a drogar y los regresaban a la mesa con su líder espiritual. Después, les infundían la idea de que aquello había sido una muestra del paraíso, al que podrían acceder tras la muerte si permanecían fieles, dispuestos a dar su vida y a mantener en secreto lo visto.
Estos guerreros nunca antes habían visto nada tan maravilloso, y ni siquiera podían imaginar que un lugar así pudiera ser creado por la mano del hombre. En definitiva, era un método de lo más peculiar para reclutar comandantes leales y guardaespaldas personales.
Transformación de significados
Hoy en día, los miembros de la clase media en los países desarrollados tienen a su alcance mucho más de lo que tenían los reyes del pasado. Al mismo tiempo, qué clase de recompensa por el «buen comportamiento» les espera a estas personas en el Paraíso resulta cada vez menos evidente, dado que todo lo imaginable se puede conseguir perfectamente en la Tierra. A muchas personas les basta con su fe para seguir los dogmas religiosos; a muchas, sí, pero desde luego no a todas.
¿Cómo valorar el valor de lo extraterrenal y lo impensable La vida eterna en el Paraíso por sí sola, y la imposibilidad de morir incluso si se deseara, tal vez podría convertirse en un tormento. Después de todo, el valor de la vida eterna es subjetivo y depende de la actitud personal hacia ella, la cual podría cambiar al cabo de milenios. Decir que «lo eterno es bueno» y «lo no eterno es malo» es una simplificación extrema; lo que ocurre es que, por ahora, casi nadie reflexiona a tan largo plazo.
En la comunidad religiosa no se acostumbra reflexionar críticamente sobre todo esto. La idea principal de estas reflexiones no es que Dios o el Paraíso no existan, sino que nuestras ideas sobre él —qué es, dónde está y cómo podría estar organizado— son, muy posiblemente, simplistas, incompletas y arcaicas. Las propias descripciones del Paraíso fueron creadas por y para personas que vivieron hace siglos o incluso milenios.
Conceptualmente, el Paraíso todavía se presenta simplemente como algo muy bueno, inconmensurable con la medida terrenal e inaccesible para una comprensión y percepción plenas. En otras palabras, se nos propone simplemente creer que allí estaremos bien, y esto se promociona como el premio mayor.
La elección es obvia
Pero la verdad evidente hoy en día es lo que elegirá la mayoría de las personas modernas cuando se presente la oportunidad: o bien no hacer nada, envejecer y luego someterse al «juicio final» del Altísimo, o bien prolongar un siglo más su vida terrenal en un cuerpo joven y sano mediante la biotecnología, y luego prolongarla otra vez, y otra más. Esta elección es exactamente la misma que decidir si tomar o no los medicamentos recetados por un médico.
El uso del argumento de la existencia de un Paraíso divino como una forma de sobornar al ser humano suena, en sí mismo, un poco vulgar, ya que no deja de ser la misma coacción de siempre, solo que mediante la zanahoria. Lo mismo ocurre, de hecho, con el argumento de la existencia del infierno. ¿Cómo hay que «amar» a las personas para enviar a una parte de ellas a un lugar especial, lleno de fuego, humo, calor, sufrimiento y dolor, para que se atormenten, se quemen, se asfixien, griten y lloren por los siglos de los siglos, hasta el fin de los tiempos Algo no cuadra aquí...
Ingeniería del paraíso
Existen diversos enfoques posibles para la ingeniería del paraíso, es decir, para la construcción de un «paraíso en la Tierra» creado por el hombre. Por ejemplo, el sitio web sobre este tema señala que solemos ignorar las raíces bioquímicas de nuestro malestar y propone la transición hacia una era postdarwiniana. Plantea la posibilidad de eliminar por completo el dolor y el sufrimiento. El ruido de los partidos políticos y la geopolítica nos distraen de lo que realmente debería hacerse.
Desde el punto de vista evolutivo, el dolor y el placer, la evitación y la búsqueda, son el motor y los estímulos para el desarrollo y el aprendizaje. Si es posible reemplazar este motor en la vida inteligente por uno más moderno, que funcione con otros principios y otro combustible, es una pregunta que sigue abierta, pero es seguro que la humanidad lo intentará.
La búsqueda de una gran esperanza
Un desarrollo histórico alternativo, con el ascenso del ser humano, una «nueva palabra»... ¿en qué consiste hoy en día ¿En un mundo multipolar donde sus partes, como antes, seguirán acumulando poder con el fin de enfrentarse o incluso destruirse mutuamente ¿O acaso la multipolaridad, por sí sola, hará que las interacciones entre los actores sean más justas y menos sangrientas Más bien al contrario. ¿Dónde está esa gran esperanza histórica, y en qué se fundamenta
La divinohumanidad es el estado ideal de la humanidad como límite y culminación del proceso histórico terrenal. La idea de la divinohumanidad recibió una interpretación filosófica en las obras del pensador religioso Vladímir Soloviov. Se trata de una imagen-sueño que, según el filósofo Berdiáyev, acompaña a la humanidad en su búsqueda de la «verdad: el sentido de su propia existencia y la libertad».
La naturaleza del milagro
Unos párrafos sobre los milagros.
En pocas palabras: no existen, pero ocurren, y esta afirmación no implica ninguna contradicción. El milagro es parte de la realidad objetiva, una posibilidad que siempre existe, solo que permanece oculta para nosotros. Es aquello posible que está completamente ausente de nuestras ideas sobre la realidad.
Si en nuestro túnel personal de la realidad, siempre limitado, irrumpe de repente algo que, según nuestras ideas, no puede existir de ninguna manera, es imposible ignorar tal situación. El suceso exige un espacio, exige una explicación y, con su sola presencia, ya transforma nuestra realidad. Sobre un milagro real, antes de que ocurra, lo más probable es que ni siquiera podamos decir que es imposible, ya que somos incapaces de plantear la pregunta misma de si es posible o imposible. Ni siquiera podemos imaginar que algo así pueda suceder, y de repente, ¡bum!, ya ha ocurrido.
El milagro probabilístico y el milagro verdadero
Supongamos que una persona se ahoga en un río de montaña helado, la rescatan treinta minutos después y el equipo de reanimación la devuelve a una vida plena. O que alguien pasa años conectado a un sistema de soporte vital y luego, por alguna razón, despierta del coma. Estas situaciones no se refieren a un milagro verdadero, sino a uno probabilístico.
La resurrección de Lázaro por Jesús, si es que tal hecho realmente ocurrió, es un milagro. Aunque el cristianismo no es la primera religión en la que se menciona la resurrección de los muertos, para los judíos contemporáneos de Poncio Pilato, la resurrección de Lázaro pudo haber sido percibida como un acontecimiento completamente inconcebible. Los enfrentaba a un hecho sencillamente imposible, algo en lo que nunca habían reflexionado como posible o imposible. Para ellos, un suceso de tal magnitud es, en sí mismo, un milagro.
La manipulación del milagro
Los sacerdotes mayas, al comprender ciertas regularidades de la naturaleza, podían predecir las fechas de los eclipses solares, algo que aprovechaban para fortalecer su propia autoridad y poder. Organizaban verdaderos espectáculos en esos días, ofreciendo sacrificios e imponiendo a su ignorante pueblo una interpretación conveniente de los hechos; para la gente, por supuesto, lo que veían era un auténtico milagro. Un truco similar, pero con un eclipse lunar, fue utilizado cínicamente por Cristóbal Colón para intimidar a los indígenas de Jamaica y obligarlos a abastecer de provisiones a sus hombres.
Un espectáculo de luces moderno, realizado con tecnología láser, puede crear la ilusión de que las columnas de un edificio bailan, además de otras sorprendentes metamorfosis visuales. Si se hubiera mostrado algo así hace trescientos años en el Vaticano, proyectando además el rostro del pontífice de la época sobre la basílica de San Pedro, solo habría bastado ofrecer una interpretación propia de lo sucedido a un público atónito. ¿Acaso no sería esto una prueba irrefutable de la existencia de Dios ¿Cuántos habrían sido capaces de dudar de semejante evidencia, presentada bajo la forma de un milagro manifiesto
El milagro es solo la manifestación de aquello que se encuentra más allá de nuestro conocimiento y comprensión personal del mundo. Para las personas que vivirán dentro de trescientos años, nosotros somos ahora tan ignorantes y salvajes como nos parecen aquellos católicos que quemaron en la hoguera a decenas de miles de brujas.
El problema de la integridad de la personalidad: los límites del «yo» y el «no yo».
La oruga, la crisálida y la mariposa en la que luego se convertirán, ¿son un solo ser o tres diferentes Es evidente que se trata de tres organismos completamente distintos en estructura y función. Entonces, ¿por qué algunas personas consideran que es un solo ser, solo que en diferentes etapas de su desarrollo y transformación ¿Qué une exactamente a estos tres organismos tan diferentes Recuerde su respuesta actual a esta pregunta, si ya la tiene.
Experimento mental de división.
Hagamos un experimento mental. Imaginemos que en un quirófano del futuro se «corta» a una persona por la mitad, en dos partes iguales, desde la coronilla hacia abajo. Luego, unos robots médicos especiales completan ambas mitades utilizando materia externa, copiando con perfecta precisión las partes faltantes del cuerpo hasta completarlo. Como resultado, se obtienen dos personas vivas y físicamente idénticas. Ambas se despiertan en habitaciones diferentes; después, a una de ellas, sin informarle de lo sucedido, la envían con su amorosa familia, y a la otra, a un campo de concentración hipotético.
¿A dónde va a parar la personalidad que existía antes de la operación ¿Fue destruida, asesinada en el proceso, o se duplicó, de modo que ahora es la misma persona pero con dos cuerpos cuya interconexión sensorial se ha roto ¿A dónde fue a parar el alma esotérica, si es que existía, y podría haber permanecido en solo uno de estos cuerpos
Podemos modificar el experimento mental: en lugar de cortar a la mitad, imaginemos que, con la ayuda de esos mismos robots médicos, se ensambla una copia exacta hasta el último átomo, y que inmediatamente después se borra cualquier información sobre quién es el original y quién la copia. Si no es posible encontrar diferencias, ¿se puede afirmar que se trata del mismo individuo Si resulta que hace un año cometió un delito, ¿se debe encarcelar a ambos, o qué se hace Si la justicia no puede permitirse cometer errores ni castigar a quien no haya cometido el delito en persona, ¿significa esto que se podría evadir un castigo garantizado simplemente creando una copia de uno mismo de una forma u otra
Con el desarrollo de la tecnología, este tipo de preguntas, para las que no queda nada claro cómo responder, serán cada vez más frecuentes. ¿Qué pasaría si, mediante algún método técnico artificial, se mantuviera la conexión sensorial entre este par de personas, creando un vínculo permanente entre el original y su copia, sincronizando su memoria compartida, sensaciones, emociones y visión ¿Se podría decir entonces que es una sola persona que se encuentra en dos lugares distintos al mismo tiempo
De la filosofía a la ingeniería
Del ámbito puramente filosófico, la cuestión de la integridad de la personalidad ya ha pasado hoy al campo de la ingeniería, donde ha adquirido un carácter ético. Un ejemplo de esto son las cirugías de división parcial de los hemisferios cerebrales en pacientes con epilepsia, practicadas en los años sesenta. Tras la operación, empezaron a aparecer indicios de que ahora existían dos personalidades en un solo cerebro, con el control del cuerpo dividido e incluso con la posibilidad de conflictos internos.
Dogmas como «a un solo cuerpo siempre le corresponde un único observador» nos nublan la vista por completo al analizar el problema de la integridad e indivisibilidad de la personalidad.
La ilusión de la simplicidad
Si no nos paramos a pensar, todo esto puede parecer sencillo. «Yo» soy yo, tengo una cabeza y me sirve para comer; ¿qué puede haber de confuso en eso Pero si indagamos un poco más e intentamos comprender qué queremos decir exactamente cuando decimos «yo», se abre un abismo peligroso cuyo borde ni siquiera se vislumbra.
¿Dónde está el límite entre el «yo» y el «no yo» En realidad, no es tan evidente como se suele pensar.
La ruptura de estas certezas naturales tiene consecuencias muy graves cuando hablamos del desarrollo de las biotecnologías e incluso de ciertos hechos médicos ya existentes. No sabemos cómo interpretarlo, porque nuestra «intuición cognitiva» natural simplemente nos miente. Al mismo tiempo, se trata, en el sentido más literal, de una cuestión de vida o muerte.
Existe un conocimiento innato, una predisposición o algo que se forma de manera automática en las primeras etapas del desarrollo infantil: la creencia de que «yo» es mi cuerpo y «no yo» es todo lo demás. Sin embargo, si lo pensamos bien, esta idea tan simplificada es errónea.
El cuerpo como frontera
A veces las personas pierden extremidades y las reemplazan con prótesis biónicas; los cirujanos trasplantan órganos e incluso se llegan a implantar, de forma temporal, corazones mecánicos portátiles. A principios del siglo pasado, esto era impensable. Hoy en día, ante esta realidad, seguir afirmando que el «yo» equivale exactamente a la totalidad de nuestro cuerpo resulta, cuanto menos, extraño.
¿Dónde se encuentra exactamente ese observador que interpreta dos señales electroquímicas distintas, provenientes de dos ojos diferentes, como una sola imagen
Cuando la anestesia médica no era tan avanzada como hoy en día, existía una variante en la que el paciente sentía todo el dolor durante la operación, pero era completamente incapaz de moverse o reaccionar, y luego, tras la cirugía, no recordaba nada de lo sucedido. La cuestión no es si era admisible aplicar este tipo de anestesia. Mucho antes, en los hospitales de campaña, se amputaban manualmente los miembros destrozados en combate para salvar vidas, y esto se hacía sin ningún tipo de anestesia.
Si la operación es necesaria para salvar la vida en ese momento, ¿se le debe informar al paciente que bajo esa anestesia lo sentirá todo, o es mejor callar y permitir que se enfrente a una experiencia tan aterradora de forma imprevista y en total desamparo Si uno mismo no lo recuerda ni lo sabe, ¿estaría dispuesto a aceptar que algo así le ocurrió, o le ocurrirá en el futuro, a otra persona y no a uno mismo ¿Y si no lo recuerda, pero lo sabe Este ejemplo nos lleva a la cuestión de la identificación y de los límites subjetivos entre el «yo» y el «no yo».
Inmortalidad digital
En la serie «Altered Carbon», toda la información sobre un personaje se almacena en la nube, en servidores. Toda su memoria, todos los datos necesarios para recrear exactamente el mismo cuerpo. Esta información se puede sincronizar de forma constante o periódica. Si esa persona es eliminada físicamente, en la serie es recreada con bastante rapidez por máquinas especiales, y los derechos de propiedad y el poder pasan al ser recreado.
Estas circunstancias hacen que no tenga sentido matarlo, por ejemplo, con un simple disparo en la cabeza. Sin embargo, la respuesta a si el ser recreado es el mismo de antes, y si el disparo constituyó realmente un asesinato o si ante un tribunal se interpretaría solo como un intento de homicidio, no es tan evidente.
El cerebro como el «yo»
Con el desarrollo de la ciencia, cada vez más personas han comenzado a asociar el sujeto de la conciencia con el cerebro. La siguiente idea preconcebida más popular es que el «yo» es mi cerebro, o incluso solo una parte de él, la red neuronal. Pero entonces, ¿qué parte exacta de la red neuronal es el «yo» Intentemos de nuevo trazar la frontera entre el «yo» y el «no yo», separando físicamente el uno del otro.
Y, si lo pensamos bien, resulta que el «yo» no es toda la red neuronal, al menos porque, incluso con pérdidas notables en ella debido a un derrame cerebral u otra enfermedad o lesión, se conserva lo que solemos considerar la personalidad. Cada día, incluso en una persona sana, mueren de forma irreversible unas ochenta mil neuronas.
¿En qué momento exacto adquiere el embrión su subjetividad En cierta etapa, solo tiene dos neuronas: ¿es ya un ser humano o todavía no Entonces, ¿cuántas neuronas se necesitan exactamente para ser considerado un ser humano Es imposible dar una cifra con argumentos sólidos; no se puede trazar una línea en un proceso continuo. Esto no tiene que ver con la ética de los abortos en una u otra etapa; afecta también a la vida de las personas ya adultas.
El embrión, la niña y, más tarde, la abuela, ¿son todos la misma persona, conciencia, personalidad e individuo Y estas cuatro palabras, ¿son sinónimos perfectos o no del todo
La memoria como el «yo»
Existe también una variante de esta creencia: que el «yo» son mis conocimientos y mi memoria.
Con la pérdida de memoria, en el caso de la amnesia retrógrada, por ejemplo, ¿significa esto que debemos considerar a la persona temporalmente muerta ¿O nos basta con que, en general, se parezca físicamente, y por lo tanto consideraremos que es la misma persona y que su vida no se interrumpió El problema es que una copia se parece aún más y lo recuerda todo a la perfección, incluso si el original del primer experimento mental está lejos. La semejanza no es un criterio de identidad.
Una niña de un año y la anciana en la que más tarde se convirtió no comparten recuerdos de los mismos acontecimientos. ¿Por qué, entonces, las consideramos la misma persona Casi todas las células del cuerpo humano se renuevan en un año; prácticamente toda la materia que compone nuestro cuerpo cambia en una década. ¿Qué conexión hay, entonces, entre esa niña de un año y la anciana en la que se transformará con los años Físicamente no se parecen en nada, no son lo mismo, son diferentes en todos los sentidos.
Esa niña y esa anciana son, por supuesto, el mismo ciudadano, de eso no hay duda; hoy en día, el número de la seguridad social y el número de identificación fiscal se asignan prácticamente al nacer. El problema es que el concepto de ciudadano es solo una noción inventada, creada artificialmente.
La identidad en el tiempo
La continuidad de la personalidad a lo largo del tiempo se denomina identidad. La convicción de que mi «yo» de hace un minuto era también «yo», y que dentro de un año seguiré siendo «yo», es una especie de creencia. Por supuesto, es sumamente necesaria para la evolución, la fijación de objetivos y otros aspectos, pero nadie la ha demostrado. En el fondo, es simplemente un axioma, un concepto, una invención. Si aceptamos la idea de la continuidad temporal, surgen paradojas. Por ejemplo, tendríamos que admitir que A es igual a B (la niña es igual a la anciana), aunque desde el punto de vista de la lógica formal y de sus criterios, evidentemente no es así. Entonces, ¿cuándo murió la niña si, cuando la anciana existe, la niña ya no está
Se pueden distinguir tres subpreguntas:
La cuestión de separar el «yo» del «no yo» únicamente en el espacio.
La cuestión de la división entre «yo» y «no yo» durante la vida de un mismo organismo consciente (la continuidad temporal).
El dilema de una metamorfosis profunda es similar al caso de una transformación radical del propio organismo, o del cerebro, de oruga a mariposa. ¿Dónde se encuentra y qué define en ese proceso a ese mismo «yo» ¿Y en qué momento desaparece o muere, si es que aceptamos como válida la idea de que realmente perece en dicha transición
Transformación radical
¿Qué pasaría si pusiéramos en marcha un programa artificial para transformar una oruga concreta en un ser humano vivo o, al revés, a un ser humano en una oruga Ganar o perder masa no es la mayor dificultad en este caso; lo importante es la esencia misma del experimento mental. ¿Y si no fuera una oruga, sino un delfín, supongamos, tan inteligente como un humano ¿Seguiríamos felicitándolo cada año por su cumpleaños Y si la metamorfosis no fuera en un delfín inteligente, sino en uno común y corriente, intenten determinar en qué momento exacto habría que declarar que ya no es un ciudadano ni un ser humano, y que es hora de retirarle su número de seguridad social.
Los defensores del transhumanismo admiten la posibilidad y la conveniencia de realizar intervenciones radicales en la naturaleza humana para mejorarla, incluso en personas que ya están vivas. ¿Dónde se traza la línea entre la vida, la muerte y el nacimiento de un nuevo sujeto en el proceso de tal metamorfosis La muerte puede ser imperceptible, no tan evidente, sin necesidad de que haya un cadáver o un rito funerario. ¿Qué ocurre tras realizar ciertas operaciones, quirúrgicas o de otro tipo, en el correlato neuronal de la conciencia, es decir, en el cerebro ¿Qué tecnologías conviene implementar y cuáles no, porque podrían conducir a una muerte implícita
La pregunta de qué es el «yo» y dónde se traza la frontera entre el «yo» y el «no yo» es, tal vez, la cuestión central y más pragmática en la vida de cada uno de nosotros.
Resurrección o recreación
Es muy probable que en el futuro sea posible extraer información, o calcularla matemáticamente, sobre la posición exacta de los átomos de todo el cuerpo de una persona del pasado, por ejemplo, un instante antes de que su cerebro dejara de funcionar por completo. Una vez obtenido este molde completo del cuerpo, y mediante la nanotecnología, se podría ensamblar átomo por átomo para revivirlo, comenzando de inmediato a reanimarlo, curarlo y rejuvenecerlo. ¿Se podría llamar a esto una resurrección plena o solo una recreación, es decir, la creación de copias ¿Existe realmente alguna diferencia
Quizás la continuidad física y psicológica tenga alguna relación con la pregunta de qué debe considerarse una persona. Si aceptamos la idea de que la conciencia es en sí misma un proceso continuo, ¿entonces morimos cada vez que dormimos ¿Acaso la persona que se despierta de una anestesia general profunda o tras una muerte clínica es ya otra distinta ¿Cómo deberíamos interpretar entonces esta interrupción del proceso
En ciertas cuestiones, nuestra lógica cotidiana y la intuición nos engañan. En algunos casos, este error incluso se puede demostrar, como ocurre, por ejemplo, en la paradoja de las tres puertas.
El traslado de la conciencia
La materia biológica no se diferencia en nada de la demás. Según la visión científica actual, aquello de lo que estamos hechos los seres humanos alguna vez formó parte de las estrellas. ¿Qué pasaría si intentáramos trasladar gradualmente la conciencia de un soporte biológico a otro distinto Primero reemplazaríamos una neurona por algo artificial en su diseño, pero idéntico en su función; luego otra neurona, una célula o incluso un pequeño grupo de ellas. Como resultado de estos reemplazos sucesivos, obtendríamos una especie de cíborg con cerebro de silicio o de algún otro material, puños de acero, etcétera.
Alguien podría decir que ese «cíborg» es, en realidad, la misma persona, deduciendo la identidad a partir de la continuidad; es decir, del hecho de que no existió un límite claro en el que se pudiera afirmar que el ser humano desapareció y comenzó el cíborg. Cabe preguntarse: el alma, si es que existe, ¿se trasladará también a ese nuevo cuerpo sintético Si asumimos que no se traslada, sino que lo abandona, habría que precisar: ¿en qué momento exacto ocurre esto ¿Cuántas neuronas exactamente habría que reemplazar para afirmar con certeza que el alma ha abandonado el cuerpo ¿Cómo se puede responder a este tipo de preguntas con argumentos sólidos
El alma y la materia
Si aplicamos un método bioquímico o microquirúrgico a un óvulo humano fecundado después de su primera división, podemos separar las dos células resultantes. Esto dará lugar a gemelos idénticos en lugar del único individuo que se habría desarrollado de no haber alterado la célula. Experimentos similares se han realizado con éxito y en repetidas ocasiones con animales. Una breve y ruda intervención física daría origen a dos vidas, a dos personalidades, allí donde antes solo había una. En cierto sentido, resulta que es sumamente sencillo crear otra vida. Tal vez deberíamos considerar que se destruyó una vida y se crearon dos, ya que ninguno de los nacidos llegará a ser lo que habría sido el individuo original. ¿A quién deberíamos preguntar qué le ocurre al alma en ese proceso, y en qué momento exacto sucede, si es que acaso sucede algo
Si suponemos que uno de los gemelos así obtenidos se convertirá en la continuación de quien debía nacer, y el otro no —a pesar de que la división fue absolutamente simétrica—, esto significaría que el mundo material contiene información incompleta sobre su propia estructura. Semejante suposición resulta incómoda y molesta para el pensamiento estrictamente materialista.
Si en el universo hay algo que no funciona según las leyes físicas, sino que está gobernado por un alma inmaterial, entonces probablemente podamos detectar la existencia de esa influencia e intervención, y de alguna manera medirla y registrarla. De lo contrario, ¿de qué estamos hablando exactamente al usar el término «alma» Si nos referimos a algo que no está en el mundo material y no influye en él de ninguna manera, entonces estamos hablando de algo inexistente en el sentido ontológico de la palabra. Ahora bien, si algo no pertenece al mundo material pero ejerce una influencia sobre él, eso ya es otra cosa, y en ese caso, el hecho de tal influencia probablemente podría detectarse de algún modo.
Trasplante de cerebro
Hoy en día los cirujanos ya son capaces de trasplantar corazones, y con el tiempo también podrán hacerlo con el cerebro. Imaginemos a dos pacientes masculinos: uno con un sarcoma cerebral y otro con un sarcoma de hígado con metástasis; ambos inoperables. Al final, supongamos que se trasplanta el cerebro sano al cuerpo sano. El resultado será un hombre que solo podrá concebir hijos a través del cuerpo del otro ciudadano, el cual adquirió mediante el trasplante. ¿Qué nombre se debe poner en el alta médica ¿Qué pasa con los derechos familiares y de propiedad Y una prueba genética de paternidad, por ejemplo, ¿de qué parte del cuerpo se tendría que tomar después Con el tema de las almas, una vez más, la confusión es absoluta.
¿Con qué fundamento se asume que el alma está precisamente en el cerebro ¿Por qué no en el corazón, por ejemplo, o tal vez distribuida en la sangre o en algún otro lugar Imaginemos una situación totalmente fantástica: cuatro ciudadanos se intercambian los cerebros en círculo, y además en parejas, hombres con mujeres. ¿A dónde irían a parar sus almas en ese caso ¿Pueden las almas cambiar no solo de cuerpo, sino también de sexo Lo más probable es que la opinión predecible de algún clérigo fanático sea que todas esas almas, por supuesto, irán al infierno. Sin embargo, tal postura debe considerarse marginal. Este tipo de actitud surge cuando no hay argumentos pero el deseo de moralizar sigue ahí, y en lugar de intentar responder a preguntas complejas, se ofrece una única receta: prohibir todo lo difícil e incomprensible.
Libertad de autodeterminación
Somos lo que pensamos de nosotros mismos, aquello con lo que nos identificamos. Uno puede identificarse con Napoleón o con el buey de la parábola, creer que su yo continuará en sus hijos, en las obras de arte creadas por él mismo, o que tendrá una nueva reencarnación en otro cuerpo de otra raza, o incluso que seguirá existiendo como un representante de la flora o la fauna. Somos libres de elegir la identidad que nos resulte más cómoda o agradable, creer en ella, entregarnos al autoengaño y vivir en la ilusión.
Este texto contiene muchos signos de interrogación. No hay respuestas: en pocas palabras, todas las hipótesis y prejuicios resultan insostenibles cuando se analizan en detalle. Pero si desea profundizar en la comprensión de estos temas, hay un video de tres horas y media de duración donde se analiza todo con verdadera profundidad.
Creando el futuro juntos
Los pensamientos verdaderamente nuevos y únicos son como senderos trazados en la oscuridad de los territorios inexplorados de lo posible. Siguiendo tus pasos, otras personas pueden recorrerlos, replantearlos, aportar lo suyo, ensanchar el camino o incluso construir una autopista iluminada en esa misma dirección.
Si tienes o te surgen ideas sobre cómo podrían estructurarse ciertos aspectos de la sociedad del futuro lejano, o si tienes tu propia visión de ese futuro, comparte tus propuestas. Puedes describirlas en un formato libre o incluso como un breve relato de ciencia ficción. Esta descripción podría abordar, por ejemplo, ciertos aspectos éticos, derechos, libertades y sus límites, o bien la organización técnica de todo este hipermundo; es decir, la coexistencia simultánea de culturas de diferentes períodos históricos con la posibilidad de que las personas migren de una época a otra. El poblamiento gradual de diversos territorios por parte de los recién llegados, los «extraídos».
¿A qué lugar irías tú primero en un hipermundo así ¿Y después
Cualquiera tiene la oportunidad de contribuir, de imaginar juntos este futuro, de inventarlo, dibujarlo, detallarlo, de proponer una visualización de la meta y ofrecer un propósito a nuestra especie. Crear un «campo de información», una imagen colectiva del futuro deseado, enfocar la atención en él... y todo esto funcionará como una profecía autocumplida.
¿Quién y por qué nos hizo olvidar cómo soñar!
Qué se puede hacer
- Tal vez el apoyo más significativo para la «tarea común» sea simplemente hablar con alguno de tus conocidos sobre las ideas de los cosmistas rusos. El efecto mariposa, o más bien un enjambre de mariposas, suele subestimarse a largo plazo. Además, todos estamos conectados por unos seis grados de separación. Con el tiempo, esta cadena de información llegará a personas clave capaces de retransmitirla, potenciarla y desarrollarla. Una conversación de lo más común sobre estas ideas puede tener un impacto notable en el futuro lejano, ya que los pensamientos y las palabras trascendentes, como ondas que rebotan una y otra vez en las personas, viajan hacia la eternidad y dan forma a nuestro futuro.
- Apoyar en Boosty.to la recaudación de fondos para la publicidad del sitio web y la promoción de las ideas del cosmismo ruso. Boosty.to
- Envía a alguno de tus conocidos el enlace al sitio web «Cosmismo ruso» o compártelo en algún chat o comentario donde participes en debates.
- Puedes escribir tú mismo nuevos textos sobre el cosmismo ruso, explicar de forma más clara las ideas existentes, complementarlas con las tuyas, o formular y plantear otras preguntas importantes sobre el tema. También puedes publicar en tus redes algunos de los materiales sobre el cosmismo ruso.
- Participar en encuentros y proyectos sobre el cosmismo ruso en comunidades de personas con ideas afines. космизм.рф Telegram nffedorov.ru VK
- San Petersburgo: Sociedad Científica de Cosmistas, sitio web «Cosmismo» y canal de Telegram del cosmismo ruso.
- Moscú: Portal del Museo-Biblioteca Nikolái Fiódorovich Fiódorov, sitio web del museo-biblioteca Nikolái Fiódorovich Fiódorov y página del museo-biblioteca Nikolái Fiódorovich Fiódorov en VKontakte.
- Informar a ru.cosmism@gmail.com sobre cualquier error ortográfico, estilístico o fáctico que encuentres en el texto.
- A sus hijos, cuando se pregunten sobre su propia mortalidad y la de ustedes, explíquenles que, si se creara una píldora especial contra el envejecimiento, todas las personas podrían vivir de forma indefinida, aunque por ahora los científicos aún no la han inventado. Esta impronta ejerce una influencia decisiva en las reacciones futuras de la personalidad, en la formación de sus valores y prioridades y, en última instancia, en su comportamiento general.
- Cultivar en nuestro interior un corazón que no sea una caja de cartón llena de memes, sino un fragmento de los elementos de la naturaleza. Nuestra conciencia crea ideales, y la razón busca la manera de alcanzarlos.
- El destino de nuestras vidas inmortales se define en las consecuencias de nuestras palabras y acciones, que se propagan como ondas y se reflejan en la eternidad. Cada una de nuestras faltas, al igual que cada buena acción, engendra nuestro futuro.
El destino de nuestras vidas inmortales se define por las consecuencias de nuestras palabras y acciones, que se expanden en olas y se reflejan en la eternidad.
















